Películas inspiradas en videojuegos

 



Hay una pregunta recurrente cuando se nombra películas y videojuegos en una misma frase: ¿Por qué son tan malas las adaptaciones de videojuegos al cine? Se nos ocurren varias respuestas, pero seguro que se nos escapan muchas más. Ambos medios acumulan décadas de desencuentros por la incapacidad del cine de adaptar con garantías al videojuego. Podría ser porque en Hollywood no entienden las obras de base en ese medio tan igual pero a la vez tan distinto, que no le ponen alma, que son meros mercaderes buscando sacar tajada, pero es que también han fracasado los proyectos que contaban en sus filas con gente del medio interactivo.


Adaptar un videojuego al cine es complicado porque cuando lo haces le quitas su principal característica, la interacción. Con esto nos referimos a que de un solo videojuego existen tantas versiones como experiencia particular haya tenido cada usuario con un mando en las manos. La versión que llega al cine es la interpretación de una sola de todas esas versiones. Si os fijáis, cuando le contamos una película a alguien siempre hablamos de que el protagonista hizo tal o cual. Por el contrario, cuando se trata de un videojuego recurrimos a la primera persona: llegué a tal sitio y fui a hablar con tal. Se trata de algo absolutamente personal que, según qué videojuego se lleve a la gran pantalla, podemos sentir el resultado como más o menos ajeno a nosotros. Pero claro, ¿Qué hay del espectador que no tiene contacto con este mundo? No hay decepción que se pueda dar ahí por relación directa con la película en cuestión.



Son solo algunas pinceladas a un enorme cuadro abstracto. Los autores deben encontrar sentido a la obra y después saber comunicar su significado a los posibles espectadores.

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